El
hombre, hasta el momento ha permanecido en la cima de la pirámide depredadora y
no existe en la actualidad ninguna criatura que le dispute el puesto. El mayor
asesino de la tierra es el hombre y hasta mata por deporte. El depredador mata
para sobrevivir El hombre es auto destructor y es consciente del asesinato que
está cometiendo.
El
hombre se ha convertido en el voraz destructor de la fuente natural de su
propia vida, en su afán por superarse y, que en cierta forma se siente un poco
Dios; creador, inventor, transformador, dueño de la vida, patrón del universo,
se olvida que todas las cosas en la naturaleza no están hechas por azar, que
cada especie ocupa su lugar en la rueda de la vida, que cada una tiene un rol
El
hombre es aquel que destruye su propia naturaleza
Destruye
su hábitat con verdadera saña, como si odiara la bellísima morada en que vive,
y a las criaturas que le acompañan y viven con él. Acaba con las plantas que
son su abrigo, su alimento y medicina, sin el menor agradecimiento, sin la más
mínima consideración. Destruye y aniquila. Bombardea la tierra y todo ser vivo
que se le atraviese con fuerza destructora.
Y así pudiéramos
hacer una relación de cuanta cosa destruye y/o intenta destruir el hombre en su
paso por la tierra y cada generación, como si fuese la última que fuera a
existir. Tanto es el afán destructor del hombre, que intenta por igual destruir
su pasado y el pasado histórico, los patrimonios de la humanidad
Los que
habitan la Tierra enfrentan riesgos reales y crecientes, la flora, la fauna y
la humanidad (el hombre es también autodestructivo). Se empeña en la
destrucción social de las regiones, ataca a la especie misma, se muestra
peligroso por temperamento,
Hace
guerras donde quedan millones de muertos, consume drogas y estupefacientes,
intercambia virus genéticamente modificados, con lo cual se crea epidemias
letales. Como ejemplo el SIDA. El Periódico Médico Británico asegura que «el
SIDA superará la peste negra que sacudió al mundo en el siglo XIV».
El
trabajo técnico y científico del hombre calienta la Tierra, el agente
calorífico es el bióxido de carbono (CO2). Es consecuencia de la industria
petroquímica, de la combustión de carbón, gas y petróleo, y del monóxido de
carbono de los vehículos. Dados sus efectos, la temperatura ambiental del
Planeta aumenta, la nieve se derrite en las montañas, las áreas polares se
deshielan, el nivel de las aguas marítimas sube, en las zonas templadas las
personas muere de calor.
El
agua, sustento de la vida, va desapareciendo, se ensucian los ríos, mares y
quebradas merman o se secan. En contraste caen diluvios en amplias zonas de la
Tierra. El cuadro de inundaciones, ahogados y desaparecidos es enorme. Los
océanos reciben diariamente grandes cantidades de desechos líquidos y sólidos,
basuras y excretas, procedente de grandes y pequeñas ciudades.
Las
selvas, océanos selváticos, fuentes de oxígeno y energía, depuradores
atmosféricos, están atacadas, intensamente quemadas, talados sus árboles
naturales, intervenidas las cadenas biológicas, aisladas las especies, dañadas
sus poblaciones indígenas, alteradas sus condiciones naturales. Las reemplazan
con hatos ganaderos o cultivos transgénicos que modifican genéticamente las
plantas y alteran el ecosistema. La caza y pesca industriales exceden la
capacidad de reproducción de las especies.
El
impacto del hombre sobre la Tierra equivale a una colisión con un gran
meteorito. Dadas estas condiciones, debemos declarar al planeta Tierra en
estado de emergencia, proponernos su sustentabilidad e incorporarla dentro de
nuestro planes, locales y globales, como área de protección integral.
El
hombre busca utilizar los recursos que le brinda la naturaleza en su beneficio,
y no está mal que se intervenga en cierta medida en el ciclo natural, pero es
necesario siempre respetar el equilibrio interno elemental de la vida con el
medio ambiente.


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