La Tierra es nuestro planeta y el único habitado. Está situado en la ecosfera, un espacio que rodea al Sol y que tiene las condiciones adecuadas para que exista vida.
La
Tierra es el mayor de los planetas rocosos. Eso hace que pueda retener una capa
de gases, la atmósfera, que dispersa la luz y absorbe calor. De día evita que
la Tierra se caliente demasiado y, de noche, que se enfríe.
Siete
de cada diez partes de la superficie terrestre están cubiertas de agua. Los
mares y océanos también ayudan a regular la temperatura. El agua que se evapora
forma nubes y cae en forma de lluvia o nieve, formando rios y lagos. En los
polos, que reciben poca energía solar, el agua se hiela y forma los casquetes
polares. El del sur és más grande y concentra la mayor reserva de agua dulce.
La
Tierra no es una esfera perfecta, sino que tiene forma de pera. Cálculos
basados en las perturbaciones de las órbitas de los satélites artificiales
revelan que el ecuador se engrosa 21 km; el polo norte está dilatado 10 m y el
polo sur está hundido unos 31 metros.
Formación
de la Tierra
Se
formó hace unos 4.600 millones de años, junto con todo el Sistema Solar.
Aunque
las piedras más antiguas no tienen más de 4.000 millones de años, los
meteoritos, que se corresponden geológicamente con el núcleo de la Tierra, dan
fechas de unos 4.500 millones de años, y la cristalización del núcleo y de los
cuerpos precursores de los meteoritos se cree que ocurrió al mismo tiempo, unos
150 millones de años después de formarse la Tierra y el Sistema Solar.
Después de condensarse a
partir del polvo cósmico y del gas mediante la atracción gravitacional, la
Tierra era casi homogénea y bastante fría. Pero la continuada contracción de
materiales y la radiactividad
de algunos de los elementos más pesados hizo que se calentara.
Después,
comenzó a fundirse bajo la influencia de la gravedad, produciendo la
diferenciación entre la corteza, el manto y el núcleo, con los silicatos más
ligeros moviéndose hacia arriba para formar la corteza y el manto y los
elementos más pesados, sobre todo el hierro y el níquel, cayendo hacia el
centro de la Tierra para formar el núcleo.


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